miércoles, 16 de abril de 2008

Ella


La boca del estómago le ardió, sintió el fuego estallar, las venas se convirtieron en caminos de pólvora que extendían la sensación que pronto se convertiría en deseo.

Entró en calor, del pecho-ahora empinado- resbalaban gotas de sudor, le faltaba el aliento.
Cayó el pesado suéter de lana, estorbaba la delicada blusa manga larga. De pronto estaba semidesnuda en la cama.

La voz de él la excitaba, tenía las mejillas rojas y los ojos entrecerrados, su larga cabellera se arremolinaba en la almohada.
Se quitó las medias de nylon, tenía calor; la sábana la tiró al piso, no la quería cerca. Con los labios encendidos pronunciaba su nombre.

El sudor resbalaba por su espalda.


Hablaba del futuro, ella lo escuchaba con atención.

Quiso grabar cada palabra dicha, quiso ver los sueños del mañana, quiso pedirle que no la dejara luego.


Se fue, la habitación volvía a ser tan fría y solitaria como siempre. Recogió la sábana, se arropó y entre sus manos abrazó el teléfono que se había llevado la voz de su amante.

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen