jueves, 17 de abril de 2008

Diario de Una Princesa


Aquí estoy tejiendo en lo alto de esta torre, lidiando con el calor y con los encajes de este vestido tan pesado. Me aburro. Afuera está el dragón jugando al piromaniaco, los cocodrilos y las pirañas hacen competencia de nado mientras que los guardias juegan truco en la entrada.


No hay sujeto. Contrario a lo que muchos piensan no hay ni sapo ni príncipe azul a 100 kilómetros a la redonda. En este cuento de hadas parece que todas las doncellas se fueron al viaje de “felices por siempre”.


De nada vale que sea la hija del rey ni que sea la más difícil de conseguir. Cenicienta con la dichosa zapatilla de cristal atrapó a su hombre; la glotona de Blancanieves ya tiene 5 años con el esposo y Raspunzel tenía tanto tiempo encerrada que tomó medidas drásticas para casarse antes de los 30. ¡Hasta la rara de Fiona se casó!


Este mundo está loco, quién sabe cuanto tiempo tenga que esperar hasta que aparezca un príncipe como Dios manda, un tipo apuesto, valiente, educado y honesto- así los describen en vanidades- sino me tendré que conformar con uno de esos hombres medio afeminados que se colocan manteca de cacao antes de besar a la doncella.

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen