domingo, 23 de marzo de 2008

No es que hable sola... O si?


- Déjame en paz.


Lo digo con rotundidad, pero él sonríe maliciosamente y acelera el paso para volver a ponerse a mi lado. No tiene remedio así que saco el mp3, aumento el volumen peligrosamente y escucho lo que sea menos a él.


Me cruzo con alguien por la calle y se coloca a mi espalda. Es una tontería, no es que vayan a verlo porque es bastante más alto que yo, es que es invisible. Tampoco es que sea invisible, es que no existe, pero tiene comportamientos de ese tipo que me ponen de los nervios. Ni siquiera nos llevamos bien. No es un amigo invisible porque no es mi amigo, es…


¿Una manifestación de mi psique desquiciada?

Suena fatal.

¿Una representación de compañía involuntaria?

No.

Un pesado inmaterial, eso es lo que es.


Lo único bueno que tiene es que me cede los asientos en el autobús y que a veces me coge la mano cuando estoy asustada. Por lo demás sólo hace criticarme, remedarme (ja! Me encanta esa palabra, queda fantástica en cualquier discusión) y tirarme del pelo mientras leo.


He probado a salir corriendo. En esas ocasiones aparecen dorsales en nuestras camisetas y la gente vitorea la carrera. Al final me canso y me siento en algún bordillo a coger aire, mientras él se pone a observar cualquier cosa a tres pasitos de mí.


He probado a explicarle que no existe. Eso es lo peor porque siempre me dice que ya lo sabe y que eso le importa un pimiento


He probado a concentrarme. Para nada, cierro los ojos, abro los ojos y me saluda con la mano.


Total, que al final me resigno y la mayor parte del tiempo tenemos buena convivencia. Hablamos de películas, de por qué siempre hay nubes en los atardeceres, de la vida, de mi arte y de cosas sin importancia. No está tan mal después de todo, pues guarda silencio sin que se lo pida cuando quiero estar sola..

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen