miércoles, 6 de febrero de 2008

Descifración


Fue una noche cualquiera, en un sueño, cuando me di cuenta de lo que me pasaba.

Me desperté entonces con la sensación de haber vivido aquello, el ardor en los labios y cosquillas en el alma, porque un beso cuando es correspondido provoca regocijo.

Confusa aún, atando cabos sueltos lo descifré.


A aquellos labios los busqué tímida, a escondidas de aquellos que nos miraban. Fue el roce de mis dedos con los suyos, sin nada más que comentar bajo aquella lluvia de mentira, que me acerqué.

Quizá quise decirle algo, quizá, y ya de puntillas traté de alcanzarlo en su altura, dejándome llevar por el instinto más sabio.

Los labios se hicieron cosquillas, se humedecieron de risa, de temor y de pena, compartieron el sabor de fruta madura, de guayaba tierna, de mango pintón.


Y aquella mañana me di cuenta que sentía algo por él.

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen