lunes, 17 de diciembre de 2007

En Shock


Sigo aquí, sentada sobre la misma silla, en una esquina de este cuarto vacío y desordenado.
Una semana al completo con el cuerpo entumecido y la mirada perdida en medio de la oscuridad, sin reaccionar, ningún leve movimiento, pero mi mente aun se encuentra en funcionamiento, esas voces silenciosas de los recuerdos que no callan y torturan.
El fuego del odio que lentamente crece y no se desvanece.
Las lágrimas que ahogan mi garganta no logran salir al exterior.
Ahora te has ido, tú que me mantenías un poco viva, tú que todo los días al llegar a casa después del trabajo me dabas un poquito de lo que necesitaba, el único que me ofrecía apoyo y comprensión, el único cariño que iluminaba la débil esperanza de mi alma lastimada, ahora el dolor es insoportable y creo estar enloqueciendo ¿Cómo decirlo? ¿Estado de shock? Sí de eso se trata, desde que me enteré de la noticia he sido incapaz de reaccionar, tan cobarde e inútil que me siento, pues ni siquiera fui a tu funeral.
Creo haber perdido toda esperanza de vida, toda ilusión por las cosas.
La agonía de todo lo que siento y siempre llevo dentro parece haberse multiplicado por cien.
El marco con tu foto continúa en mi regazo, le suelto y se resbala de mi mano, el cristal se hace añicos y parte de esos pequeños trozos se quedan clavados en mi mano, pero no molesto en quitarles. Con fuerza levanto mi cuerpo de la silla, me pongo la gabardina y dando un portazo salgo a la oscuridad de la noche dispuesta a encontrarme con el bello refugio donde tu cuerpo mora.
Al ser altas las horas de la noche, las calles están prácticamente desoladas y pocas luces alumbran los caminos, me dirijo lentamente hacia mi destino, ahí está ante mis ojos la hermosa puerta trancada del lugar donde descansan los cuerpos; me las ingenio para pasar sobre la valla, no sin accidentes, pues caigo duramente sobre el suelo, me levanto y comienzo lentamente a caminar y buscar entre las lápidas la que lleve tu nombre.
La luna hoy está llena y el lugar sin dudas es hermoso, me hace sentir un poco más tranquila aunque el dolor y la agonía parecen estar dando lugar a la sensación de un insoportable vacío.
Al fin, al fondo, encuentro lo que busco, me siento al lado de la fría piedra para poder sentirte cerca, quiero decirte todo, pero no logro que de mi labios salgan las palabras, y ahora no puedo controlar las lágrimas que salen y corren por mi rostro sin detención alguna, consigo murmurar tu nombre, hablarte con la esperanza de que en algún lugar, tu alma pueda oírme, cuanto te echo de menos, contarte lo bien que me siento ahora aquí al hablar contigo, las palabras se pierden en la oscuridad, silencio y nada más, pero ahora mi alma se siente un poco más tranquila; poco a poco dejo de llorar y me repongo; busco en mi bolsillo y saco una rosa negra, está muerta y marchita pero es lo único que tengo por ahora, la deposito sobre el mármol, me quedo un largo rato paralizada con la mirada fija en la muerta flor; las heridas de mi mano ya no sangran, mis ojos ya no lloran, pero la agonía crece y el vacío, este maldito vacío no se desvanece, no quiero que amanezca, quiero quedarme a tu lado. Me quito la gabardina y la dejo aun lado y me siento a tu lado para dormir contigo…

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen