miércoles, 12 de diciembre de 2007

El Principito y el Zorro


En ese momento llego un zorro.
-¡Buenos días! –dijo el zorro
-¡Buenos días! –contestó amablemente el principito, pero cuando se volvió, no vio a nadie.
-Aquí estoy, bajo el manzano –dijo la voz
-¿Quién eres? –Preguntó el principito- eres muy bonito.
- Soy un zorro –dijo el zorro
-Ven vamos a jugar –le propuso el principito- estoy muy triste…
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro- no estoy domesticado.
-¡Ah! Lo siento –dijo el principito.
Pero, después de pensarlo, preguntó:
-¿Qué significa domesticar?
-Tú no eres de aquí –dijo el zorro- ¿Qué buscas?
-Busco hombres –dijo el principito- ¿Qué significa domesticar?
-Los hombres –dijo el zorro- tienen rifles y cazan. Eso es peligroso.
También crían gallinas, y eso sí es interesante, ¿Te gustan las gallinas?
-No –dijo el principito- yo solo quiero amigos. Pero dime, ¿Qué significa domesticar?
-es algo muy olvidado –dijo el zorro- significa crear lazos.
-¿crear lazos?
-Sí –dijo el zorro- para mí tú sólo un muchachito igual a otros muchachitos, y no te necesito. Tú tampoco me necesitas. Para ti sólo soy un zorro como cualquier otro. Pero si me domesticas, tú me necesitarás y yo te necesitaré. Serás para mí único en el mundo, y yo también lo seré para ti único en el mundo.
-Empiezo a comprender –dijo el principito- en mi planeta hay una flor. Creo que me ha domesticado.
-Es posible –dijo el zorro- ¡En la tierra se ve de todo!
-¡Oh, no! Yo no soy de la tierra –dijo el principito
El zorro pareció muy interesado:
-¿Vienes de otro planeta?
-Sí
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No
-Qué bien. ¿Y hay gallinas?
-No
-Bueno, nada es perfecto –suspiró el zorro.
Y luego continuó:
-Mi vida es muy simple. Yo cazo gallinas y los hombres me cazan a mí.
Todas las gallinas son muy parecidas y todos los hombres también se parecen entre sí, así que me aburro un poco. Pero si tú me domesticas, mi vida se llenará de luz. Conoceré un ruido de pasos, que será diferente de todos los otros. Los otros pasos harán que yo me esconda bajo la tierra. Los tuyos me harán salir de mi madriguera, como una música. Y además, mira, ¿Ves aquellos campos de trigo? Yo no como pan. Pera mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Eso es triste, pero tú tienes cabellos dorados, y cuando me hayas domesticado, el color del trigo será un recuerdo de ti. Y me gustará cuando el viento agite las espigas de trigo.
El zorro se quedó callado y observó por un largo rato al principito.
-Domestícame, por favor –dijo el zorro
-Quisiera hacerlo –dijo el principito- pero no tengo tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro- los hombres ya no tienen tiempo de domesticar, ni de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes, pero como ningún comerciante es amigo, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué tengo que hacer? –preguntó el principito.
-Debes de ser muy paciente. Al principio te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba. Yo te miraré y tú no dirás nada. Las palabras no hacen más que confundir. A medida que pasen los días, te sentarás cada vez más cerca de mí.
Al día siguiente, el principito volvió.
-Es mejor que siempre vengas a la misma hora –dijo el zorro- si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Conforme avance el tiempo, más feliz estaré. A las cuatro me sentiré agitado y un poco inquieto, sólo así descubriré la felicidad, pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón. Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? –Pregunto el principito
-Eso es algo complicado también –dijo el zorro- Es lo que hace que un día sea distinto de otro, una hora diferente de otra hora. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves se van a bailar con las muchachas del pueblo. El jueves es un día maravilloso también para mí, porque me voy a pasear a la viña sin correr peligro. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para ir a bailar, todos los días serían iguales y yo no tendría descanso.
Así fue como el principito domesticó al zorro. Más cuando llegó el día de la partida, el zorro dijo:
-Creo que lloraré.
-La culpa es tuya –dijo el principito- Yo no quería causarte ningún daño, pero tú quisiste que te domesticara.
-Sí –dijo el zorro
-Pero vas a llorar –dijo el principito
-Sí –dijo el zorro
-Pero no has ganado nada.
-Sí gané. Ahora el trigo es muy agradable para mí.
Después el zorro agregó:
-Ve a ver las rosas una vez más, así entenderás que la tuya es única en el mundo. Regresarás para despedirte de mí y yo te regalaré un secreto.
El principito fue a ver nuevamente a las rosas, y les dijo:
-Ustedes no se parecen a mi rosa; todavía no son nada. Nadie las ha domesticado, y ustedes no han domesticado a nadie. Estás ustedes como estaba mi zorro. Era un zorro común y corriente, como cualquier otro, pero ahora es único porque es mi amigo.
Y las rosas se sintieron ofendidas.
-Ustedes son muy bonitas, pero están vacías –agregó- No se puede morir por ustedes. Seguramente, quien pase por aquí creerá que mi rosa se parece a ustedes, pero ella es única para mí. Es más importante que todas ustedes juntas, porque es la rosa que yo he regado, le di una campana, le quité los gusanos y sólo dejé las orugas que después se convertían en mariposas. Mi rosa se quejaba, se elogiaba y a veces se callaba… porque a fin de cuentas, es mi rosa.
Y volvió con el zorro:
-Adió –dijo
-Adiós –dijo el zorro- Aquí está mi secreto. Es muy sencillo: sólo se puede ver bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos –repitió el principito para no olvidarlo.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea especial
-El tiempo que perdí con mi rosa… –dijo el principito para no olvidarlo.
-Los hombres han olvidado esa verdad –dijo el zorro- pero tú no la olvides. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa… –repitió el principito a fin de recordarlo.

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Es algo que todos en alguna ocasión hemos sentido, y aveces no sabemos como expresarlo, al menos hago el intento para decribir aquellas cosas que parecen imposibles de describir... Y que en ocasiones . . . duelen